Diario de un emigrante balcánico en la Península Ibérica

miércoles, noviembre 11, 2009

Entre los pedazos de la sombra

Cuando se cayó el muro de Berlín yo estaba demasiado preocupado con las explosiones hormonales que mi recién llegada pubertad me provocaba. Y para nada me importaba ese pedazo de muro, miles de kilómetros lejos de mí. En aquellas fechas el único muro que me preocupaba era el que me separaba del corazón de Tanja, la chica de la que estaba locamente enamorado. Los fallidos intentos de conquistarla no me dejaron otra alternativa que practicar los primeros besos con las chicas menos amuralladas. Y mientras los alemanes de un lado y otro se abrazaban entre los escombros del muro caído, yo descubría que sí que había juegos que se podían jugar con las chicas.
Vivíamos en la sombra del muro. Su caída trajo una nueva luz de nuevos tiempos. Pero había demasiada oscuridad. La luz era demasiado intensa y cegó los espíritus adormecidos por las décadas de mentiras. Nuestros viejos bajaron la vista y se dejaron llevar en filas por los mismos asesinos que les contaban los cuentos utópicos. Tenían las chaquetas diferentes pero las mismas ganas de matar. Finalmente, en vez de seguir la luz de los tiempos nuevos, ciegos se dejaron llevar por la niebla nacionalista medieval y con sus cuchillos sangrientes escribieron otro capitulo de nuestra historia misantrope.
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Nota: Esto lo escribí hace unos dos años después de mi primera visita a Berlin

jueves, octubre 15, 2009

El lastre

A continuación os dejo el artículo completo de la versión publicada en el Público

“Retorno de los refugiados: el tema pendiente para la integración de Croacia en la UE”
Los efectos de la crisis económica y la mayoría parlamentaria obtenida por los partidos de la derecha en las últimas elecciones europeas, aumentan el escepticismo sobre cualquier futura ampliación de la UE. Croacia que, junto con Turquía, inició las negociaciones en 2005, espera ser admitida el año que viene. Pero, aún quedan algunos asuntos pendientes como, por ejemplo la cooperación con el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra y el retorno de los refugiados. A esto, recientemente se sumó la declaración de Olli Rehn, Comisario para la Ampliación de la UE, quien alertó de que Croacia debe mantener el rumbo de las reformas, agilizar el proceso del retorno de los refugiados y hacer un mayor esfuerzo para mejorar los derechos de las minorías. Y sugirió que “Zagreb podría enfrentarse a la suspensión de las negociaciones si flaquease en sus reformas”.

Durante el conflicto de 1991-1995 e inmediatamente después, más de 300.000 ciudadanos croatas de nacionalidad serbia abandonaron Croacia. En virtud de una normativa aprobada por el Gobierno croata en septiembre de 1995, un mes después de la acción militar denominada ’Tormenta’, las propiedades pertenecientes a las personas que dejaron Croacia pasaron a estar controladas por el Estado. Al mismo tiempo, se autorizaba a acomodar en ellas a otras personas, mayoritariamente de nacionalidad croata. Según datos de Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) 29.800 derechos de ocupación de la vivienda de los serbios que vivían en las zonas urbanas fueron anulados por los tribunales croatas, bajo grandes irregularidades. Se estima que estas decisiones dejaron sin hogar a más de 100.000 personas.

Derecho de ocupación de la vivienda

En la antigua Yugoslavia una gran mayoría de población urbana vivía en pisos con derecho de ocupación de la vivienda de protección estatal y, según dictaba la Constitución de Yugoslavia, este derecho era una categoría legal, social y patrimonial, considerada como derecho real (sui generis). Estos pisos se gestionaban desde la administración pública, a través de los fondos que se financiaban con la retribución nominal de todos los trabajadores. Las viviendas se otorgaban en uso de por vida, y aunque el inquilino perdiera el trabajo, mantenía el derecho a la vivienda, e incluso podía dejarla en herencia a sus hijos. El único modo de perder ese derecho era demostrar que el inquilino había deshabitado injustificadamente la vivienda durante más de seis meses. En tal caso perdía el derecho a uso de la misma y el Estado podía entregarla a otros usuarios.

Según el Center on Housing Rights and Evictions, una ONG suiza con estatus consultativo en el Consejo de Europa: “Los tribunales croatas permitieron una anulación masiva de los derechos de ocupación, en gran mayoría de los casos en ausencia de los tenientes de esos derechos y sin avisarlos.” Las autoridades croatas alegaban que los serbios abandonaron voluntariamente sus viviendas y bajo este pretexto les privaron del derecho de ocupar estas viviendas.

Un ejemplo ilustrativo, es el caso del matrimonio Vukovic, de Osijek, quienes, el Tribunal Regional, en una acta del 8 noviembre de 1991, sentenció a ser “expulsados a Serbia”, por, según dictó la sentencia, “haber colaborado en ayudar la revuelta armada, con el fin de crear la Gran Serbia”. El día siguiente, tras recibir la sentencia, dos militares croatas se presentaron en la puerta de su piso con la orden de abandonarlo de forma inmediata. Recogieron lo que podían de su piso y se refugiaron en Serbia. “Este tipo de sentencia no había visto en toda mi carrera profesional”, afirma Anto Nobilo, un reconocido abogado croata. “Esta sanción penal solamente podía ser ejecutada si previamente había sido prevista por Ley. Sin embargo, la expulsión del territorio de Republica Croacia, en esta forma, nunca existió”, concluye el abogado en la entrevista para la revista Novosti. A los Vukovic, en 1996 les fue comunicado que su derecho de ocupación de vivienda fue anulado.

La OSCE y otras instituciones internacionales, consideran el derecho de ocupación de la vivienda un modo de propiedad privada y exige al gobierno croata devolver las viviendas ocupadas o indemnizar a los antiguos inquilinos. En el caso de Bosnia, en donde regía la misma normativa legal durante el tiempo en que existía Yugoslavia, este problema fue resuelto tras la intervención de la Administración internacional, que obligó a las autoridades locales a devolver el derecho de ocupación al estado en el que se encontraba antes del conflicto, dejando la opción a los arrendatarios refugiados a que volvieran a sus viviendas y posteriormente decidieran si quedarse o venderlas. Para Vladimir Petronijevic, analista legal de Grupa 484, una ONG de Serbia que ofrece ayuda legal, humanitaria y psicológica a las personas refugiadas, en Bosnia sólo había una diferencia. “Allí gobernaba la Administración internacional”, reitera, y aunque cree que la integración de Croacia es muy importante para la región, recuerda que “el proceso de integración no puede ser completado de forma correcta hasta que el problema de los refugiados esté resuelto.” Al mismo tiempo, según las encuestas, solamente un 30% de los croatas desea pertenecer a la UE.

jueves, octubre 01, 2009

Trucos turcos


Según un dicho popular turco, si tu hijo es malo para los negocios, entonces lo debes enviar a la universidad.
Acabo de volver de Estambul y me parece que en una semana no he visto ni un solo “universitario”. Todo el mundo con el que he mantenido algún tipo de comunicación (tanto verbal como no verbal) ha intentado venderme algo, y siempre por un valor orientativo y opcional, igual que su relación con los señales de tráfico.
Pero, una vez te acostumbres a que no haya facturas, que tu sombra te hable en turco y regatee constantemente, te enamoras de la ciudad, porque la verdad es que es extraordinariamente bonita e interactiva.
Estar en una ciudad que absorbe tanta historia es una sensación de estar fuera de tiempo, y al sentarse en cualquier lugar para contemplarla, el bullicio de doce millones de almas en constante movimiento, se descompone en un silencio acogedor que palpita al ritmo del Mar.
Aunque ésta fue mi primera vez en Turquía, muchas cosas me parecían familiares. Tras la experiencia de las comidas, la arquitectura, algunas palabras, el tomarte tu tiempo y las relaciones de poder y con el poder, entiendo mucho mejor porque los Balcanes son como son. En una buena parte, todo esto es también nuestra herencia y aunque históricamente el papel del Imperio Otomano no fue nada positivo para mis tierras, debo reconocer que senti un gran respeto y que experimente un intenso vínculo con su tradición.
No conozco muy bien la actualidad de Turquía, pero por lo que conozco, y por lo que pude observar en tan poco tiempo, me parece ser un país/estado que integra muy bien la dualidad entre el Islam como religión/orientación política y las aspiraciones europeas. Los hilos del tejido social turco son de velo y mini faldas, de té y cócteles, de barbas largas y gelatina, y parece ser que la opción política gobernante sabe bien manejar las tensiones internas para evitar que el tejido se descociera.
En fin, es otro de los destinos que marco con un “espero poder volver pronto”. Les deseo toda la suerte del mundo en su camino hacía Europa, y creo que llegarían antes si tuvieran algunas cajas registradoras.

domingo, septiembre 13, 2009

Coca Cola sin alcohol

"Es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo", Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña
Al margen de la orientación ideológica y las ideas políticas, me siento orgulloso de vivir en un país donde la integración pasa por la voluntad individual.

Mientras escribo estas líneas se está terminando el referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña, celebrado en la localidad catalana de Arenys de Munt. Y me siento aún más orgulloso de que esta consulta se haya podido celebrar, y aún más, porque, a pesar de la manifestación organizada por la Falange, la consulta haya concurrido sin violencia.
El conflicto en mi país de origen se debe, en una gran parte, a los referéndums cuya intención nunca era expresar y conocer la voluntad popular, sino enfrentar los “pro” y los “contra”, y a base de “divide y vencerás” sumir el pueblo en la oscuridad medieval.
El problema no son los referéndums, ni las preguntas que plantean. El problema está en el estado de salud mental colectiva que se encuentra cuando estas se plantean. Y me temo que el actual €stado (leer "El paro también divide España", El País, 13.09.2009) no reúne las condiciones óptimas para debatir con madurez y seriedad los temas que implican un alto grado de (des)cargas emo(na)cionales.
Creo que, en un país donde el paro está en unos niveles altísimos y la salida de la crisis económica aún no está a la vista, no es el mejor momento para plantear la pregunta: "¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?".
Me temo que en un país donde los ánimos están alterados de tal forma que la gente es capaz de “liarse a ostias” con la policía solamente por no permitirles a seguir con el botellón, no es el mejor momento para el debate sobre el futuro de Cataluña.
Creo que es el momento para unir las fuerzas y ver como salimos de esta, con la cabeza fría y serena. Así que de momento a tomar la Coca Cola sin alcohol y pensar que para los políticos es mucho más cómodo hacer discursos retóricos sobre los temas hipotéticos, que buscar las soluciones para los problemas reales.

martes, septiembre 01, 2009

No me doy bofetadas, para no hacerme daño en la mano - 2ª parte

Seguía escuchándole casi sin parpadear, para no perder a ningún detalle. Intentaba imaginar la vida en la calle. Ponerme en su piel. Y no lo conseguía. El siguiente fragmento del blog de Miquel
me ayudó a acercarme un poquito más a la sensación de cómo es vivir en la calle:
Harto ya de ser un guiñapo sospechoso en el escaparate de los cajeros, expuesto todas las noches a la maldad de los insensatos, soportando las amenazas y las burlas crueles de los muchachos que los fines de semana entraban a sacar dinero o bien a hacerse rayas de cocaína; tener que suplicar con una mirada implorante -nunca exagerada o fingida sino fruto de mi desesperación- para conseguir unas monedas para comprar el vino que sin ningún tipo de escapatoria posible me urgía permanentemente; expulsado, con mayor o menor consideración, por los guardias de seguridad del banco, bien fuese por la noche o a cualquier hora de la madrugada, diluviase o hiciese un frió de mil demonios, y tener que empezar a deambular en soledad con pasos vacilantes por las calles en busca de cualquier refugio incierto hasta el amanecer. Entonces, me oprimía la sensación de hallarme en un campo de combate perpetuo. Esas noches me invadía un sentimiento de rabia y desaliento por los años desperdiciados y la falta de severidad conmigo mismo; me autoflagelaba con el látigo de los recuerdos felices y al mismo tiempo maldiciendo cómo mi estúpida soberbia y el exceso de confianza en mi mismo me habían destrozado la vida.

Boris Matijas: ¿Tenías miedo?
Miquel Fuster: En la calle siempre estas pendiente de que te pueden agredir. Un día se me se me acercaron chicos bien vestidos y empezaron a hablarme. No eran delincuentes. Cuando se alejaron un poco uno de ellos me tiró un adoquín a la cabeza y me rompió la nariz. Si me hubieran dado un poquito más arriba me hubiera matado. Me caí al suelo y ellos se fueron riendo. ¿Por qué? ¿Para hacer una gracia? No lo entiendo. Igual que esa pobre mujer, la que quemaron hace poco.

B.M.: ¿Cómo te sentías cuando te enterraste de esta noticia?
M.F.: Pues, que me podría haber pasado a mi, o a cualquier otro. Eran del mismo patrón de comportamiento. Igual que los que me pegaron a mí. ¿No sé de donde salen estos? ¡¿Cuál es el caldo de cultivo de esos malnacidos?!... No lo entiendo.
¿Tú te puedes imaginar estar a las cuatro de la mañana durmiendo en un cajero automático?... Si se lo puede llamar así, porque duermes a ratos. Yo todavía, por la costumbre, duermo despierto.
Una vez un tío también bien vestido, llamó a la puerta del cajero, me levanté y le abrí. Me miró a los ojos. Se le veía que iba a tope de cocaína y me dijo: “Sabes que te voy a dar una patada en los cojones y que te voy a hacer mucho daño”. Después se dio la media vuelta y se fue, y yo me quedé pensando en que pasará si volviera.

B.M.: Esta sensación de vulnerabilidad....(?) - y antes de que yo terminara la pregunta, Miquel prosigue con la respuesta:
M.F.: ….Es permanente. Sobre todo por la noche. Llega el momento que, quieras o no, cierras los ojos y te duermes... Entonces…
Hubo una temporada que iba mucho con un chico, Manuel. Tenía una fuerza sobrenatural y cuando estaba de pie daba miedo verlo. Pero cuando se quedaba dormido lo veía indefenso, como un niño pequeño.

B.M.: ¿Cómo son las relaciones de afecto en la calle?
M.F.: Muy temporales. Pero sobre todo hay mucho “taladros”. Yo, por ejemplo, conmigo mismo no me aburro nunca, pero hay gente que se aburre y que no sabe estar en el grupo. Entonces comienzan a contar mentiras. Cómo han sufrido mucho y como nadie les entienda. No saben comunicarse.
Sinceramente, a mi me molesta cuando vea los indigentes que piden limosna sin mirar a la persona. Como si no existiera. No saben pedir educadamente

B.M.: ¿Se llegan a establecer relaciones de confianza y amistad?
M.F.: Amistad,.. Muy difícil. Primero porque coincides con las personas de diferentes orígenes y habláis de un común denominador. De vino, tabaco, mujeres,… Pero no puedes profundizar.

B.M.: ¿Tus valores personales se iban transformando con el tiempo y la vida en la calle?
M.F.: No. Los valores que he tenido yo y que han sido siempre de ser amigo de mis amigos y creer en el amor, los sigo manteniendo. La calle me ha vuelto más cauto, pero creo que no ha modificado mi manera de ser

B.M.: A mí escuchándote me da la sensación de que a pesar de la situación en la que te encontrabas, siempre te valías por ti mismo. ¿Qué te daba las fuerzas?
M.F.: Creo que fue la independencia que me daba el saber pintar, y poder ganarme algún dinero con esto.

B.M.: En tu blog escribiste: lo único que no pudieron quitarme en la calle es mi obsesión por ser libre, la vergüenza y el miedo. ¿Cómo se manifiesta tu libertad?
M.F.: Es hacer lo que quiero. Puedes pensar que he tenido muy poca paciencia, pero yo simplemente no aguanto las personas que no pueden aceptar mi forma de ser.

B.M.: ¿Cómo luchaste contra el miedo y la vergüenza?
M.F.: Contra el miedo luché con los cojones y con la vergüenza por la necesidad.

B.M.: ¿Últimamente notas que hay más gente durmiendo en la calle?
M.F.: Cada día voy viendo cada vez más gente en la calle. También últimamente veo algunas familias enteras. Me temo que la indigencia irá a más.

B.M.: El otro día me comentaste que juegas la lotería ¿Qué harías si te tocara?
M.F.: El dinero no te da problemas, solamente si llevas lo justo. Así que primero procuraría que se enterara lo menos gente posible. Imagínate a este pobre hombre en Italia que le ha tocado 140 millones de euros. Este hombre ha de estar aterrorizado por la mafia.
Pero en serio, lo primero que haría si me tocara sería reanudar el contacto con mi hijo.

B.M.: ¿Si pudieras hacer el balance de tu vida en una sola frase, qué sería?
M.F.: No me doy bofetadas, para no hacerme daño en la mano.

Alguien dijo que escribir es pasarse la hoja en blanco por el alma. Tras dos horas que duró nuestra conversación mi alma se impregnó de unos paisajes que hasta ahora mi vista, entrenada en la estética plácida, pasaba de largo. Estas hojas han pasado por mi alma más atenta. Ahora cuando veo alguien durmiendo en una caja de cartón, pienso en “el pobre hombre” que ganó 140 millones de euros, y recuerdo de la voz de Miquel y las frases como "mis bodegas de desgracia", “descarnada evidencia”, “insultante indiferencia”, “un silencio hostil y amedrentador”, “fuegos fatuos errantes sin tumba”…

La historia de Miquel se me quedó grabada en el rincón donde guardo los encuentros y conversaciones memorables.
Sus experiencias son el producto de una serie de sucesos y decisiones. Igual que las mías. O las tuyas.

#Foto de Miquel Fuster realizada por Juan Lemus - www.juanlemus.com